Que nadie diga que nunca me vio penar,
solo porque río cuando quisiera llorar,
fue tan grande la tormenta que me estremecí,
cuando al mirarme al espejo ni me reconocí.
De esa niña inocente que fui ya me olvidé,
aquel día lejano, sombrío,
en que a ti me di,
las promesas que en vano me hiciste
y que tanto esperé,
mientras sola y herida,
por tu desdén quedé.
¿Por qué no me devuelves el tiempo y las horas en que todo era amor?
¿Por qué no me devuelves la canción que escribí para ti?
¿Por qué no deshaces los lazos que me atan a ti?
Que aferrados como hiedra,
aferrados como hiedra
siguen vivos en mí.
Que nadie piense que en el amor basta con confiar,
que si amamos con alma y corazón
nunca podemos errar,
si yo soy la prueba viva
de este fracaso de amor,
que condenada sin culpa
hoy maldice su dolor.
Esa tierna rosa que ayer radiante
mi pecho abrasaba,
hoy espina cruel, cortante,
de ese mal que bebí,
y perdida en esta embriaguez
que ahora me hace llorar,
por más que siempre sonría al veneno de tu dulce mirar.
¿Por qué no me devuelves el tiempo y las horas en que todo era amor?
¿Por qué no me devuelves la canción que escribí para ti?
¿Por qué no deshaces los lazos que me atan a ti?
Que aferrados como hiedra,
aferrados como hiedra
siguen vivos en mí.
¿Por qué no me devuelves el tiempo y las horas en que todo era amor?
¿Por qué no me devuelves la canción que escribí para ti?
¿Por qué no deshaces los lazos que me atan a ti?
Que aferrados como hiedra,
Más aferrados que la hiedra
aún me atan a ti.
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